¿Qué es la Estética? Primera entrega

Dos de los primeros seminarios que impartí recién ingresé a la academia de Filosofía e Historia de las Ideas de la UACM fueron Filosofía de la Cultura y Filosofía del Arte. En 2009 pensaba que al no “ser filósofa” (no contar con el título), el doctorado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada (del que llevaba un año de haberme graduado) podría servir para compensar mi falta, dado que en mi tesis había realizado un análisis bastante complejo sobre la escritura chicana y la escritura del norte de México que incluía estudios de género, estudios culturales, deconstrucción, hermenéutica, fenomenología y literatura comparada, atravesado por el enfoque intercultural.[1]

Pensé que con eso sería suficiente para organizar el plan de estudios de cada seminario hasta que me topé con autores que, si bien me había interesado leer en mi adolescencia, desconocía en su totalidad la propuesta epistemológica, me refiero específicamente a Kant y Hegel. La ruta de escapé consistió en comprar los tomos de la Enciclopedia Iberoamericana de Trotta que se referían a estas disciplinas. Leí cada uno de los capítulos para actualizarme y para diseñar el plan de estudios.

En el primer semestre que impartí de Filosofía de la Cultura propuse a los autores que estaba leyendo para hacer otras investigaciones, ya enfocada en pensar la ontología social y la ontología política en los estudios fronterizos comparados (Raúl Fornet-Betancurt, Catherine Walsh, Luis Villoro, León Olivé, entre otros). Me salté toda la parte de historia de las ideas y me aboqué al siglo XX, que es el que medianamente conocía, y desde ahí empecé a pensar la Filosofía de la Cultura. Después de un par de ocasiones, no volví a impartir este seminario porque me interesé más por la Ontología y la Antropología Filosófica para continuar con mis indagaciones fronterizas.

Con el seminario de Filosofía del Arte fue distinto, no entendía porqué el plan de estudios de la Licenciatura tenían dos programas similares, uno de Estética y otro de Filosofía del Arte (y tangencialmente el de Filosofía de la Cultura). Lo aclaré casi al término de ese primer semestre, pero me topé con varias dificultades pedagógicas. Una en particular. La canasta básica del conocimiento de la mayoría de nuestros estudiantes no contempla el arte en su desarrollo filosófico. Lo que es entendible cuando permanece la distorsión en que la enseñanza de la filosofía es de dos tipos, la analítica y la continental (no solo en nuestro plan de estudios donde quizá es menos evidente). 

El seminario de Filosofía del Arte resultó ser menos provocador como docente porque al no estar seriadas las asignaturas, si un estudiante se inscribe a éste y no cursó antes Estética, entonces resulta ininteligible el abordaje y en ocasiones he tenido que proponer las mismas lecturas para uno u otro curso. Estética, por el contrario, es uno de las asignaturas que más disfruto dar, quizá porque soy kantiana de closet queriendo ser derridiana, y cada vez que regreso a la Crítica del juicio, texto con el que inicio cada curso, descubro elementos de los que no me había percatado en lecturas previas. En función de esta breve introducción, el presente capítulo da cuenta de los postulados y posibles conclusiones a las que he llegado después de diez años de impartir Estética (que lo hago una vez por año).

Primer postulado: ¿Qué es la Estética?

Una pregunta que me hacen los y las estudiantes cada que iniciamos el curso y que respondo una vez que hemos leído a Kant y Hegel. Es decir, casi a la mitad del semestre. Primero les propongo que veamos las diferencias entre Estética, Historia del Arte y Filosofía del Arte (espero que en este texto quede implícita en la propia redacción). Primer conflicto porque quizá no se hayan cuestionado ¿qué es el arte? Tampoco desarrollo una definición de arte, los y las invito a que consulten las “n” cantidad de definiciones que se pueden encontrar en diferentes pensadores y pensadoras o sitios web o en su propia acepción (a partir de su propia experiencia estética, otro postulado que abordaré más adelante). 

Después de revisar varias acepciones de “arte”, abstraemos los elementos que las constituyen y les propongo que construyan su propia definición a partir de mínimo diez características que deben considerar para “evaluar” si un objeto, una obra, se considera arte. La gran duda que le causa a la mayoría de los y las estudiantes, y repetidamente me lo hacen ver, es cómo van a estar seguros, seguras que “eso” que observan es arte. 

Las diez características que considero mínimos indispensables para afirmar o negar que a ese “algo” le pertenece la categoría de arte son técnica, estilo, contexto, expresión, representación, intención, creación, sensibilidad, originalidad, subjetividad. Y llegado a este punto menciono el ejemplo, por un lado, de la pintura Un par de zapatos (1886) de Van Gogh, y, por el otro, el análisis que hace Heidegger de esta pintura en el libro Arte y poesía, donde menciona: “Elijamos un conocido cuadro de Van Gogh, que pintó más de una vez tales zapatos. Pero ¿qué tanto hay que ver en éstos?” (Heidegger, 1992: 58).

Una vez enunciadas estas diez características también les comento que existen otras diferencias más que debemos de considerar. Una de ellas tiene que ver con el valor de mercado, una característica que determina no solo el valor de una obra, también su permanencia en el mercado (un mercado que ha crecido considerablemente dado que muchas personas compran arte como una forma de inversión); por lo que es necesario cuestionar constantemente el discurso de valor estético en el que incurren los y las críticas de arte. 

Otra se refiere a la diferencia entre artesanía y arte (una diferencia planteada desde Aristóteles) que se vincula con que el arte no solo se encuentra en los museos. El museo no es como tal el lugar de culto de la obra, del objeto de arte. Si bien es cierto que la obra de arte busca transgredir, irrumpir, el estado de las cosas, también es necesario cuestionar la noción de aura, como lo hace Walter Benjamin, cuando alude a la negación de esa supuesta genialidad que se le atribuye al objeto, a la obra. Como ejemplo les menciono La fuente (1917) de Marcel Duchamp, un urinario. 

La Fuente, Marcel Duchamp. Museo de Arte Contemporáneo de San Francisco. Foto: Roxana Rodríguez, 2019.

Un tercer elemento a considerar es la utilidad de la obra de arte. Un uso ancestral que se refiere a los primeros dibujos, también denominados “pinturas rupestres”, encontrados en cuevas. El caso particular de la cueva de Altamira, España, encontrada a finales del siglo XIX, da cuenta del nomadismo y la caza durante el Paleolítico (35000-13000 años a.n.e). Diversos museos también dan cuenta de estos hallazgos históricos del uso del arte como forma de expresión del cotidiano, de representación de los rituales de iniciación o de culto a los dioses, y de mimesis de la naturaleza, me refiero principalmente al Museo Británico (Gran Bretaña), al Museo de Pérgamo (Berlín), el Museo de Arqueología (México), Museo de la Acrópolis (Atenas), entre otros. 

También las manifestaciones artísticas se han empleado para inculcar una supuesta moral en las sociedades, pero es con las guerras del siglo pasado que los gobiernos aprovechan el arte, o ciertas expresiones para enviar mensajes a la población. Mensajes nacionalistas, de apoyo a la guerra, a sus soldados, a sus gobernantes. Mensajes que propagan el odio al otro, la xenofobia. Mensajes que son propagados, a su vez, gracias a la reproductibilidad técnica de la obra. Una discusión que se dio entre Adorno y Benjamin a partir de lo que se nombró como la industria cultural del capitalismo tardío que involucra otros conceptos en disputa como “autonomía”, “aura”, “emancipación”. Adorno fue el crítico del visionario y ambos tuvieron la razón.

Ahora bien, llegados a este punto empezamos a dilucidar qué es la Estética, pero no necesariamente a definirla. Una primera acepción disciplinar de la Estética consiste en la suma de categorías que permiten emitir juicios de valor (estético) sobre el objeto o la obra de arte. Ésta es una postura clásica que deviene, en primer lugar, del texto de Baumgarten, titulado Aesthetica (Estética). Un texto de 1750 en el que se observa la influencia de Leibniz y que a su vez influye en Kant. Baumgarten es quien afirma que la Estética es la ciencia del conocimiento sensible, la ciencia de lo bello:

§ 533. La ciencia de la expresión y el conocimiento sensitivos es la Estética (Lógica de la facultad cognoscitiva inferior, Filosofía de las gracias y de las musas, gnoseología inferior, arte de pensar bellamente, arte del análogo de la razón).

(Ibarlucía, 2014: 15)

[1] Roxana Rodríguez, Alegoría de la frontera México-Estados Unidos. Análisis comparativo de dos literaturas colindantes. México: Eón, 2013.

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